17 de noviembre de 2007

Pablo Escobar, predador contra la prensa

Imagen tomada de www.mediosparalapaz.org

En los años 80 y comienzos de los 90, el ejercicio del periodismo en Colombia se hizo con la pistola de Pablo Escobar Gaviria apuntando en la sien de los periodistas independientes, investigativos y que rechazaron el narcotráfico.

Este audio recuerda uno de los muchos episodios en los que el capo del Cartel de Medellín le puso la lápida a uno de sus principales críticos: el periódico El Espectador.

Duración: 5:04
Tema musical: Muerte anunciada
Intérpretes: Tigres del Norte

6 de octubre de 2007

Puerto Boyacá 1 – Música policial















Estos músicos de la Policía Nacional animan aquí una reunión realizada el sábado 13 de abril de 1996 en Puerto Boyacá, municipio de la región del Magdalena Medio, la cual ante la opinión pública se presentó como el Segundo foro regional Pablo Emilio Guarín – Víctimas y desplazados por la guerrilla colombiana.

Arrancó a las 9 de la mañana con la presencia de autoridades civiles y militares de la región, y terminó antes de las 6 de la tarde gritando vivas a los paramilitares del Magdalena Medio, de Córdoba y Urabá, del sur de Santander, de Yacopí (Cundinamarca), de Muzo (Boyacá) y del Casanare.

Allí estuvieron no sólo miembros de organizaciones sociales simpatizantes de esos grupos armados ilegales, sino también dirigentes políticos locales y regionales, así como los propios comandantes paramilitares, aunque ninguno quiso que los dos periodistas que estábamos allí los entrevistáramos.

Así me lo confirmó “Juancho”, uno de los ideólogos de esos grupos, un tipo que no dio más referencias suyas, salvo que había estudiado en una importante universidad privada de Bogotá y que había hecho estudios de posgrado en Europa. Y sí parecía cierto, por la formación tan estructurada que denotaba en la conversación.

Yo estaba por contar fragmentos de esta historia y de publicar esta foto de los policías, a propósito de las declaraciones del jefe paramilitar Ramón Isaza en una de sus versiones libres ante la Fiscalía, en agosto de 2007. En esa versión contó, según lo publicado por la prensa, que él durante mucho tiempo tuvo la ayuda de la fuerza pública.

Isaza es el jefe paramilitar más viejo de Colombia (el “Tirofijo” de los paras) y desde hace más de 20 años ha sido amo y señor de buena parte del Magdalena Medio antioqueño y del Oriente del departamento, aunque sus dominios plenos han sido Doradal, Puerto Triunfo y Puerto Nare.

Ni antes ni después de tomar esta foto nadie me dijo nada: a todo el mundo le pareció normal que la Policía estuviera tocando música en esa reunión.
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Puerto Boyacá 2 – Ilustres invitados

El foro fue encabezado por el entonces alcalde de Puerto Boyacá (pueblo que dos décadas antes se autoproclamó “Capital antisubversiva de Colombia”); el entonces comandante del Batallón Bárbula, del Ejército Nacional, con sede en jurisdicción del mismo municipio; y el presidente de la Asociación de Víctimas de la Violencia Comunista (VVC), entidad que aparecía como organizadora del evento.

A media tarde, cuando el protocolo había terminado, cuando la gente estaba comiendo su almuerzo de ternera a la llanera de una res que mataron allí mismo, “Juancho” nos explicó en detalle a los dos periodistas la estrategia política y militar que estaban desarrollando en ese momento los paramilitares.

Dijo que lo principal era la búsqueda de la unificación de todos los grupos en una especie de federación, la cual se llamó luego Autodefensas Unidas de Colombia (Auc). Y que ya habían tenido una primera reunión en Córdoba, en tanto la segunda sería en dos o tres meses.

Esa unificación se concretó exactamente un año después cuando se realizó la que ellos llamaron “Primera conferencia nacional de dirigentes y comandantes de autodefensas campesinas”, convocada por las Accu (Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá).

El acta de constitución de las Auc se hizo el 18 de abril de 1997 y fue firmada por los comandantes de las autodefensas de Córdoba y Urabá, Puerto Boyacá, las de Ramón Isaza y las de los Llanos Orientales. Una copia del acta la trae el libro Las autodefensas y la paz, que aparece con Carlos Castaño como autor.
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Puerto Boyacá 3 – La estrategia

















A medida que las víctimas de la guerrilla fueron llegando al foro (la organización del evento las trajo en buses), les iban poniendo en el brazo izquierdo un brazalete de tela color azul mariano con las letras negras: V.V.C. (víctimas de la violencia comunista). Luego las pusieron a desfilar (foto).

En un momento dado uno de los organizadores tomó el micrófono y gritó enojadísimo que se quitaran esa cinta del brazo izquierdo y que se la pusieran en el derecho porque todos los que estaban allá eran “de derecha”. Por supuesto, el cambio se hizo de inmediato.

“Juancho” también explicó cuál era la estrategia militar que desarrollaban en ese instante y la prevista para los meses siguientes. Me impactaron dos cosas: la primera, cuando manifestó que estaban tirando la guerra a las ciudades con el fin de que la opinión pública nacional reaccionara y obligara como mínimo al gobierno y a la guerrilla a negociar la paz o, lo que más querían, para que la gente se uniera a la causa de las autodefensas.

Contó cómo estaban operando en las regiones que rodean a Bogotá y a Medellín, cómo controlaban los territorios y manifestó, como si fuera lo más normal del mundo, que ello implicaba la salida masiva de campesinos de esas áreas.

La segunda, cuando anunció que para diciembre del año siguiente, 1997, debían tener a la ciudad de Barrancabermeja bajo su control. Me acuerdo que le dije: “¿Barrancabermeja? Imposible”. Simplemente respondió que esperara para ver si él tenía razón o no.

Y tuvo razón. Barrancabermeja fue controlada luego por los paramilitares, sólo que el plan demoró unos meses más: su llegada al “puerto petrolero” se anunció el 16 de mayo de 1998 con una masacre. La incursión comenzó a las 8:30 de la noche cuando entre 30 y 50 paramilitares, según se calcula, entraron por el sur de la ciudad en tres camiones y luego asesinaron a 7 personas y desaparecieron a 25 más.
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Puerto Boyacá 4 – Pacto de hombres

















En el lugar del foro, los letreros anunciaban que los campesinos víctimas de la guerrilla venían de unas zonas específicas aunque, a decir verdad, la mayoría era del Magdalena Medio. Las regiones que nombraban los letreros eran precisamente donde los paramilitares ejercían en ese momento un control muy fuerte sobre la población e, incluso, sobre las instituciones.

En esa reunión de Puerto Boyacá no se vio ni una sola arma, aunque “Juancho” aclaró que muchos de los que estaban comiendo en el asado eran combatientes y que Puerto Boyacá estaba protegido ese fin de semana por dos fuertes anillos de seguridad, principalmente en las carreteras, para garantizar que no se fuera a meter la guerrilla al pueblo.

También contó que “una volquetada” de hombres armados de las autodefensas de Muzo no alcanzaron a llegar porque un derrumbe en la carretera no los dejó pasar.

La conversación duró casi dos horas y sobre lo que se dijo nunca publicamos nada. Para que hablara sinceramente, nosotros le preguntáramos lo que quisiéramos y él nos contestara sin tapujos, “Juancho” puso una condición: “Pero no publican nada… Hacemos este pacto como hombres y si lo incumplen, lo solucionamos como hombres…”.
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Puerto Boyacá 5 – El intermediario

Al foro fue invitado el presidente de la República, Ernesto Samper Pizano, pero nunca apareció. Por eso la gente se quedó con las peticiones pendientes y los carteles hechos.

El gobierno de Samper ya había tenido un par de reuniones con las autodefensas del Magdalena Medio para supuestamente hablar de paz, tal cual nos informó Max Alberto Morales, un médico de Puerto Boyacá, miembro del Partido Liberal, quien era el contacto con esos grupos armados. Él también estaba allí y se dejó entrevistar para dar su versión sobre esos diálogos.

Morales era también el intermediario en las negociaciones con el Gobierno, luego se lanzó (aunque sin éxito) para el Senado de la República y fue vocero público de las Auc. Dos hombres lo asesinaron en su casa, en Bogotá, el 27 de enero de 2004.
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Puerto Boyacá 6 – Dos décadas de “parapolítica”
























En una de las avenidas del pueblo se encuentra este monumento en homenaje a Pablo Emilio Guarín Vera, el hombre al que quisieron recordar los organizadores del supuesto foro, bautizando con su nombre el evento.

Guarín Vera, del Partido Liberal, fue representante a la Cámara por Boyacá entre 1986 y 1990. De manera pública se definía y lo definían como un “líder anticomunista”.

Por esto la “parapolítica”, que tanto se menciona hoy y que para muchos parece cosa reciente, lleva por lo menos 20 años en Colombia.
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Puerto Boyacá 7 – El pensamiento de Guarín Vera

El mensaje no requiere más palabras.
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Puerto Boyacá 8 – Aviso de bienvenida

















Esta valla ha sido famosa por lo que anuncia. No sé si aún estará, pero lo estuvo por más de 10 años en las afueras de Puerto Boyacá, en plena carretera troncal del Magdalena Medio.
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Informe del Mayor Domo en La Banda Francotiradores

video

21 de julio de 2007

Sobre retóricas vacías, narrativas gastadas y discursos guerreristas

















En las marchas contra el secuestro del 5 de julio de 2007, los periodistas vieron mucha gente, muchísima, pero no vieron ni contaron lo más importante.

Mi mamá no sabe nada de lógicas internas de funcionamiento de los medios masivos de comunicación y muy poquito de las rutinas de un reportero cuando va tras una información, a pesar de mis 20 años de trabajo como periodista. No le he contado mucho de eso quizá para no asustarla aunque ella, que es buena lectora y asidua consumidora de medios, saca sus propias conclusiones tras recibir una información. Y casi nunca se equivoca...

Sin embargo, quedó sorprendida cuando vio con sus propios ojos a una nube de periodistas que cubría en Medellín la marcha del 5 de julio, en la cual ella iba en medio de la multitud. “Parecían avispas corriendo detrás del Alcalde, del Gobernador, a Juanes estuvieron a punto de hacerlo caer y a Víctor Aristizábal (el futbolista) no lo dejaban caminar y casi le hacen comer grabadoras y micrófonos. ¡Nooo, yo no sabía que eso era así!”, me dijo espantada.

A mí también me sorprende que todavía tantos de mis colegas sigan corriendo detrás de los “personajes”, cuando la inmensa mayoría de ellos, como mínimo, suelta respuestas planas, huecas, puros lugares comunes o frases fabricadas milimétricamente por sus asesores de imagen.

Lo más grave es que eso ocurra en el cubrimiento de hechos como éste, en el que los verdaderos protagonistas a entrevistar eran otros: en este caso, los ciudadanos que se fueron a la calle a protestar por la monstruosidad del secuestro y, sobre todo, las víctimas de ese delito.

¡Víctimas y ciudadanos rasos eran quienes debieron haber estado en todos los titulares, así nos sepamos de memoria sus historias, pues siempre serán únicas e irrepetibles porque el dolor de cada ser humano jamás tendrá comparación!

El presidente Álvaro Uribe, como personaje mayor en el país, arrastró cámaras como siempre. Uribe no sólo se apropió del liderazgo de ese sentimiento de rechazo que produjo el asesinato de los diputados del Valle secuestrados por las Farc, sino que capitalizó para su imagen y sus intereses una movilización que él no fue el primero en convocar.

Él y sus asesores, expertos para manejar medios y hacer propaganda camuflada como “información”, en propinar golpes de opinión, lograron meter su discurso tanto en la convocatoria, como en el momento mismo de la marcha. Y los medios no cuestionaron eso, mordieron de nuevo el anzuelo y apenas se dedicaron a darle voz al Presidente que, otra vez, como siempre, madrugó a sacar lo mejor de su artillería verbal.

Por eso, si nos limitamos a los mensajes que presentaron muchos medios, al final no se supo si fueron unas marchas por la paz (por eso de las camisas blancas, los mensajes bonitos y los anhelos de un Acuerdo Humanitario), de rechazo al secuestro (por eso del crimen de los diputados cautivos, pues ello motivó las movilizaciones) o si se trataba de un plebiscito callejero para volver a declarar la guerra (por la intolerancia que mostraron algunos ciudadanos, sus reclamos de más mano dura y por los propios llamados incendiarios del presidente Uribe).

Esa construcción mediática tan particular se expresó de manera directa o indirecta, por ejemplo, en las imágenes de televisión que insistían sutilmente sobre determinado tipo de pancartas que reforzaban la idea presidencial y por la manera en que opacaron otra serie de expresiones de protesta que también se presentaron en las marchas.

Víctimas de ese ocultamiento fueron, por mencionar un caso, quienes pedían por la reparación de las víctimas o aquellos que clamaban por los desaparecidos. ¡Claro que estuvieron en los medios!, podrán decir: sí, cierto, estuvieron... Pero fue de manera marginal, cuando en Colombia esos asuntos tienen unas dimensiones tan profundas como el propio secuestro.

Creo que este tipo de hechos informativos tiene que tener un cubrimiento distinto por parte de la prensa, precisamente por tratarse de situaciones atípicas dentro de la vida nacional. No se pueden cubrir igual que otra clase de sucesos informativos porque no son idénticos. Ya el maestro Javier Darío Restrepo ha insistido en ello desde hace años: por sus dimensiones e implicaciones, la guerra y la paz no pueden presentarse como cualquier otra noticia.

Si bien periódicos y noticieros hicieron un esfuerzo por presentar la información de una manera distinta, la mayoría se quedó en la envoltura, en lo mínimo que fue dedicar más espacio y tiempo a la información.

Porque la filigrana de la noticia, es decir, la manera en que ellas fueron construidas, en el fondo no se diferenció mucho de cualquier otra información rutinaria, sea de economía, fútbol o la propia paz. Y eso se vio en las fuentes que consultaron, en los encuadres que usaron, en los géneros periodísticos que emplearon, es decir, en la narrativa que tuvieron en su conjunto.

Hubo muy buena planeación para estar en las marchas y presentar la información a tiempo y en abundancia, pero no la suficiente discusión en los consejos de redacción sobre por dónde enfocar la noticia, qué preguntar distinto, cómo narrar distinto a lo cotidiano. Porque evidentemente un millón de personas en las calles, como indicaron algunos cálculos, no es algo que se vea todos los días.

Esa planeación sobre el contenido noticioso es necesaria para romper con la homogeneidad de la información que todos los medios presentan. Pero, sobre todo, para buscar conmover a una sociedad cuyos niveles de tolerancia frente a la tragedia cotidiana son tan altos que todo, no importa qué tan grave sea, se presenta igual a cualquier estupidez, y de pronto es por ello que a la gente le vale lo mismo que cualquier estupidez.

Hubo apuestas arriesgadas y creativas para presentar la información sobre estas marchas y para convocar a la ciudadanía. Algunas tuvieron unos resultados que desde el punto de vista informativo, estético y ético fueron un ejemplo de excelente periodismo; sin embargo, fueron golondrinas que no hicieron verano.

Esta eterna coyuntura que padece el país requiere de los medios y de sus periodistas análisis y explicación, información que vaya más allá de datos secos y las declaraciones bonitas, por más personajes que las entreguen… Por más marchas multitudinarias que encabecen.

Aquí hay que cambiar modelos y paradigmas para, desde los medios, apostarle más a la información que hable de la gente, de la gente que es víctima, que explique los procesos, los contextos, la historia que hay detrás, que le haga seguimiento a lo que pasó o no pasó después de los acontecimientos que fueron informados…

Porque de espectáculo, melodramas baratos y mal hechos, pero sobre todo de olvidos informativos y de noticias que miran donde no es, Colombia ya conoce bastante.

Artículo para la edición 455 de Actualidad Colombiana. www.actualidadcolombiana.org
La fotografía es de la agencia Colprensa.

18 de junio de 2007

La verdad, esa que no tiene precio

A Jesús María Valle Jaramillo, un valiente defensor de derechos humanos en Antioquia, lo mataron hace nueve años por decir la verdad, por luchar a toda costa por ella.

Fue el 27 de febrero de 1998 en su oficina, la 405, en un edificio del centro de la ciudad situado a todo el frente del Tribunal Superior de Medellín y a media cuadra del Banco de la República, lugares donde siempre hay vigilancia policial.

Dos hombres y una mujer entraron al lugar, obligaron a su hermana -quien era su secretaria- a tenderse al piso. A Jesús María le amarraron las manos con los cordones de sus zapatos y después lo acribillaron de dos disparos en la cabeza. En el operativo participaron unos 15 asesinos.

Valle venía denunciando la complicidad de la fuerza pública con paramilitares que estaban masacrando personas en Ituango, su pueblo, donde además era concejal.

“En todo el perímetro urbano, al lado de la Alcaldía, al lado del Comando de la Policía y muy cerca del Ejército, se encuentra domiciliado el Comando Urbano Paramilitar. Todas las autoridades civiles, eclesiásticas y organismos de control pueden dar fe de la forma como viene operando el mencionado grupo en el municipio de Ituango”, dijo Valle en un documento que le entregó personalmente, el 9 de diciembre de 1996, al entonces gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez.

Lo denunció por escrito y lo reiteró de palabra en esa reunión, a la cual asistieron varias personas, entre ellas dos delegados de la Defensoría del Pueblo y un sacerdote.

Esas denuncias las hizo muchas veces en privado y de manera pública: no es sino ver los periódicos de entonces o documentos que reposan en la Gobernación, como un oficio dirigido el 20 de noviembre de 1996 al mismo Uribe Vélez.

Por esas denuncias, qué maldita paradoja, un oficial de la IV Brigada del Ejército, unidad operativa con jurisdicción en Ituango, le entabló una demanda penal.

El 26 de febrero de 1998, Valle acudió a la Unidad Segunda de Delitos Querellables, de la Fiscalía Local de Medellín, que lo citó por esa acción penal. Por primera vez la justicia iniciaba una investigación, pero no por las atrocidades que los paramilitares estaban cometiendo en Ituango, sino por la demanda que el militar le había puesto a este defensor de derechos humanos.

Allí tampoco Valle tuvo miedo y ratificó todo lo dicho. Exactamente 24 horas después fue asesinado.

Ejemplo de dignidad

A comienzos de mayo de 2007, la familia de Jesús María Valle dio un ejemplo de dignidad y honor a la verdad al rechazar 1.700 millones de pesos que les ofreció el Estado colombiano por perjuicios morales y materiales causados por ese crimen.

El Estado reconoció que no le brindó la debida protección, que omitió su responsabilidad al no protegerlo, a pesar de que en forma abierta se conocía que estaba amenazado de muerte, y ofreció tal suma para pagar su error.

A los familiares no les importó ese dinero pues lo que querían era la verdad. Y para ellos era que agentes estatales no sólo omitieron su responsabilidad sino que participaron en forma activa en el asesinato.

Hoy cuando realitys y concursos de televisión tergiversan la idea de ‘verdad’ ofreciendo dinero por jugar con ella, por utilizarla según convenga en esos programitas frívolos y vacíos que son mero show, el ejemplo de la familia Valle nos recuerdan que hay cosas superiores que no valen ni todo el oro del mundo.

La verdad no es una mercancía que se compra y se vende, ni es un material maleable según el mejor ofrecimiento o la conveniencia particular: es un bien sagrado que la sociedad debería honrar, defender y exigir.

Un bien que para todos los ciudadanos, pero principalmente para nosotros los periodistas debería estar tatuado en nuestra piel porque sin ella nada valemos y nuestra labor nada vale. Así pregonen lo contrario la televisión o nuestro Estado indolente que cree que los crímenes, la historia o la realidad misma se pueden tapar ofreciendo plata.
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Imposible olvidar a Jesús María Valle


Una de las cosas que aún me duele en la vida fue no haber estado más cerca del doctor Jesús María Valle antes de que lo mataran. Cerca no para blindarlo o protegerlo, aunque eso hubiéramos querido tantas personas, sobre todo aquellas que lo conocieron mil veces mejor que yo.

Cerca para expresarle solidaridad, un apoyo mínimo que no iba a salvarlo de las balas que ya le tenían preparadas, sino para que supiera que al menos uno más lo acompañaba de corazón, así fuera de lejos y en una forma cobarde si se compara con su ejemplo de vida.

Valle andaba solo las últimas semanas antes de ser asesinado. Rechazó el ofrecimiento de tener asignado un escolta, según me dijeron luego sus compañeras del Comité de Derechos Humanos de Antioquia “Héctor Abad Gómez”, simplemente porque consideraba injusto que fueran a ser dos los muertos.

No me imagino cómo fueron esos días finales sabiendo que andaba con la lápida encima, como dicen en esta tierra nuestra de manera trágica y con un lúgubre sarcasmo.

Por eso hubiera sido importante una, dos, muchas voces de solidaridad, de acompañamiento aunque distante, para decirle que yo también estaba con él en esa tarea que se auto impuso y que todavía hoy uno no sabe si fue heroica, mesiánica o imposible. Esa tarea de denunciar, decir la verdad sobre lo que estaba ocurriendo en su pueblo, que queda lejos en las montañas del norte de Antioquia.

De Jesús María Valle recuerdo muchas cosas porque fueron muchas las veces que lo consulté para que me ayudara con datos u opiniones para informes periodísticos sobre la problemática de derechos humanos en el departamento. Sin embargo, hay una en especial que lo retrata de cuerpo y alma.

Estábamos un sábado, a las 4:30 de la tarde, en el aeropuerto del municipio de Caucasia, mejor dicho, en la casita donde se esperaba el avión, un bimotor Twin Otter de Aces con capacidad para unos 20 pasajeros. Era como 1993 o 1994.

Habíamos coincidido desde dos días antes en un foro de derechos humanos en esa localidad, al que yo fui a cubrir y él a escuchar, en el que varias personas hicieron una cantidad de denuncias sobre cómo los paramilitares y la fuerza pública estaban desapareciendo gente o baleándola y tirándola al borde de la carretera que va a la Costa.

Al llegar al mostrador de la aerolínea me dijeron que no tenía cupo y por tanto no había forma de que tomara ese vuelo a Medellín (y eso que me había asegurado de confirmar el regreso desde el mismo momento en que llegué y me juraron que no habría problema). Valle estaba a mi lado y junto a mí alegaba y alegaba con el empleado para que me dieran un puesto.

Una señora que estaba junto a nosotros dijo que eso pasaba con frecuencia, que no respetaban las reservas cuando algún finquero, ganadero o mandamás de la zona necesitaba viajar y sin preguntar bajaban a cualquiera para que el ‘ilustre’ pudiera ir.

Cuando la cosa no tuvo reversa le dije a Valle que se fuera él tranquilo que yo me regresaba en bus por la noche o esperaba el avión del otro día. Me respondió que si yo no iba, él tampoco se montaba en ese avión.

No valió insistirle que era bobada que se quedara, que se fuera él que tenía que salir a las cuatro de la mañana en su carro para Puerto Berrío –según me había dicho– a ver la situación de un detenido político.

Que no, que no me podía quedar solo, me insistía, porque era muy peligroso… No hubo manera de que se fuera. Insistió tanto que yo, que estaba tranquilo, terminé con miedo no sólo de quedarme sino hasta de viajar por carretera.

Al final, a último momento y ya cuando el piloto dijo que no podía esperar más al pasajero ilustre que faltaba, me dejaron subir al avión y regresé a Medellín con Valle sentado en la silla del lado.

Siempre que hablo de él o lo recuerdo lo veo en esas grandes luchas que lo llevaron a ser otro mártir de los derechos humanos en Colombia o en batallas chicas como ésta, en un aeropuerto minúsculo de Antioquia, peleando siempre por los derechos de la gente.

Aquí van unos enlaces recomendados

Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Detalles sobre el proceso judicial por la muerte de Jesús María Valle
www.cidh.oas.org/annualrep/2003sp/Colombia.519.01.htm

Informe de Amnistía Internacional sobre el proceso penal por la muerte del defensor de derechos humanos
http://web.amnesty.org/library/Index/ESLAMR230731998?open&of=ESL-COL

Informe de la Relatora Especial sobre Ejecuciones Extrajudiciales, Sumarias o Arbitrarias, a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en enero de 1999. Listado de hechos ocurridos en Colombia entre 1997 y 1998
www.hchr.org.co/documentoseinformes/documentos/html/informes/onu/reeex/E-CN-4-1999-39-ADD-1.html

“Un vistazo a los años en los que el paramilitarismo inundó de sangre a Antioquia”. Artículo de la revista Semana
www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?idArt=100745

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