18 de junio de 2007

La verdad, esa que no tiene precio

A Jesús María Valle Jaramillo, un valiente defensor de derechos humanos en Antioquia, lo mataron hace nueve años por decir la verdad, por luchar a toda costa por ella.

Fue el 27 de febrero de 1998 en su oficina, la 405, en un edificio del centro de la ciudad situado a todo el frente del Tribunal Superior de Medellín y a media cuadra del Banco de la República, lugares donde siempre hay vigilancia policial.

Dos hombres y una mujer entraron al lugar, obligaron a su hermana -quien era su secretaria- a tenderse al piso. A Jesús María le amarraron las manos con los cordones de sus zapatos y después lo acribillaron de dos disparos en la cabeza. En el operativo participaron unos 15 asesinos.

Valle venía denunciando la complicidad de la fuerza pública con paramilitares que estaban masacrando personas en Ituango, su pueblo, donde además era concejal.

“En todo el perímetro urbano, al lado de la Alcaldía, al lado del Comando de la Policía y muy cerca del Ejército, se encuentra domiciliado el Comando Urbano Paramilitar. Todas las autoridades civiles, eclesiásticas y organismos de control pueden dar fe de la forma como viene operando el mencionado grupo en el municipio de Ituango”, dijo Valle en un documento que le entregó personalmente, el 9 de diciembre de 1996, al entonces gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez.

Lo denunció por escrito y lo reiteró de palabra en esa reunión, a la cual asistieron varias personas, entre ellas dos delegados de la Defensoría del Pueblo y un sacerdote.

Esas denuncias las hizo muchas veces en privado y de manera pública: no es sino ver los periódicos de entonces o documentos que reposan en la Gobernación, como un oficio dirigido el 20 de noviembre de 1996 al mismo Uribe Vélez.

Por esas denuncias, qué maldita paradoja, un oficial de la IV Brigada del Ejército, unidad operativa con jurisdicción en Ituango, le entabló una demanda penal.

El 26 de febrero de 1998, Valle acudió a la Unidad Segunda de Delitos Querellables, de la Fiscalía Local de Medellín, que lo citó por esa acción penal. Por primera vez la justicia iniciaba una investigación, pero no por las atrocidades que los paramilitares estaban cometiendo en Ituango, sino por la demanda que el militar le había puesto a este defensor de derechos humanos.

Allí tampoco Valle tuvo miedo y ratificó todo lo dicho. Exactamente 24 horas después fue asesinado.

Ejemplo de dignidad

A comienzos de mayo de 2007, la familia de Jesús María Valle dio un ejemplo de dignidad y honor a la verdad al rechazar 1.700 millones de pesos que les ofreció el Estado colombiano por perjuicios morales y materiales causados por ese crimen.

El Estado reconoció que no le brindó la debida protección, que omitió su responsabilidad al no protegerlo, a pesar de que en forma abierta se conocía que estaba amenazado de muerte, y ofreció tal suma para pagar su error.

A los familiares no les importó ese dinero pues lo que querían era la verdad. Y para ellos era que agentes estatales no sólo omitieron su responsabilidad sino que participaron en forma activa en el asesinato.

Hoy cuando realitys y concursos de televisión tergiversan la idea de ‘verdad’ ofreciendo dinero por jugar con ella, por utilizarla según convenga en esos programitas frívolos y vacíos que son mero show, el ejemplo de la familia Valle nos recuerdan que hay cosas superiores que no valen ni todo el oro del mundo.

La verdad no es una mercancía que se compra y se vende, ni es un material maleable según el mejor ofrecimiento o la conveniencia particular: es un bien sagrado que la sociedad debería honrar, defender y exigir.

Un bien que para todos los ciudadanos, pero principalmente para nosotros los periodistas debería estar tatuado en nuestra piel porque sin ella nada valemos y nuestra labor nada vale. Así pregonen lo contrario la televisión o nuestro Estado indolente que cree que los crímenes, la historia o la realidad misma se pueden tapar ofreciendo plata.
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Imposible olvidar a Jesús María Valle


Una de las cosas que aún me duele en la vida fue no haber estado más cerca del doctor Jesús María Valle antes de que lo mataran. Cerca no para blindarlo o protegerlo, aunque eso hubiéramos querido tantas personas, sobre todo aquellas que lo conocieron mil veces mejor que yo.

Cerca para expresarle solidaridad, un apoyo mínimo que no iba a salvarlo de las balas que ya le tenían preparadas, sino para que supiera que al menos uno más lo acompañaba de corazón, así fuera de lejos y en una forma cobarde si se compara con su ejemplo de vida.

Valle andaba solo las últimas semanas antes de ser asesinado. Rechazó el ofrecimiento de tener asignado un escolta, según me dijeron luego sus compañeras del Comité de Derechos Humanos de Antioquia “Héctor Abad Gómez”, simplemente porque consideraba injusto que fueran a ser dos los muertos.

No me imagino cómo fueron esos días finales sabiendo que andaba con la lápida encima, como dicen en esta tierra nuestra de manera trágica y con un lúgubre sarcasmo.

Por eso hubiera sido importante una, dos, muchas voces de solidaridad, de acompañamiento aunque distante, para decirle que yo también estaba con él en esa tarea que se auto impuso y que todavía hoy uno no sabe si fue heroica, mesiánica o imposible. Esa tarea de denunciar, decir la verdad sobre lo que estaba ocurriendo en su pueblo, que queda lejos en las montañas del norte de Antioquia.

De Jesús María Valle recuerdo muchas cosas porque fueron muchas las veces que lo consulté para que me ayudara con datos u opiniones para informes periodísticos sobre la problemática de derechos humanos en el departamento. Sin embargo, hay una en especial que lo retrata de cuerpo y alma.

Estábamos un sábado, a las 4:30 de la tarde, en el aeropuerto del municipio de Caucasia, mejor dicho, en la casita donde se esperaba el avión, un bimotor Twin Otter de Aces con capacidad para unos 20 pasajeros. Era como 1993 o 1994.

Habíamos coincidido desde dos días antes en un foro de derechos humanos en esa localidad, al que yo fui a cubrir y él a escuchar, en el que varias personas hicieron una cantidad de denuncias sobre cómo los paramilitares y la fuerza pública estaban desapareciendo gente o baleándola y tirándola al borde de la carretera que va a la Costa.

Al llegar al mostrador de la aerolínea me dijeron que no tenía cupo y por tanto no había forma de que tomara ese vuelo a Medellín (y eso que me había asegurado de confirmar el regreso desde el mismo momento en que llegué y me juraron que no habría problema). Valle estaba a mi lado y junto a mí alegaba y alegaba con el empleado para que me dieran un puesto.

Una señora que estaba junto a nosotros dijo que eso pasaba con frecuencia, que no respetaban las reservas cuando algún finquero, ganadero o mandamás de la zona necesitaba viajar y sin preguntar bajaban a cualquiera para que el ‘ilustre’ pudiera ir.

Cuando la cosa no tuvo reversa le dije a Valle que se fuera él tranquilo que yo me regresaba en bus por la noche o esperaba el avión del otro día. Me respondió que si yo no iba, él tampoco se montaba en ese avión.

No valió insistirle que era bobada que se quedara, que se fuera él que tenía que salir a las cuatro de la mañana en su carro para Puerto Berrío –según me había dicho– a ver la situación de un detenido político.

Que no, que no me podía quedar solo, me insistía, porque era muy peligroso… No hubo manera de que se fuera. Insistió tanto que yo, que estaba tranquilo, terminé con miedo no sólo de quedarme sino hasta de viajar por carretera.

Al final, a último momento y ya cuando el piloto dijo que no podía esperar más al pasajero ilustre que faltaba, me dejaron subir al avión y regresé a Medellín con Valle sentado en la silla del lado.

Siempre que hablo de él o lo recuerdo lo veo en esas grandes luchas que lo llevaron a ser otro mártir de los derechos humanos en Colombia o en batallas chicas como ésta, en un aeropuerto minúsculo de Antioquia, peleando siempre por los derechos de la gente.

Aquí van unos enlaces recomendados

Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Detalles sobre el proceso judicial por la muerte de Jesús María Valle
www.cidh.oas.org/annualrep/2003sp/Colombia.519.01.htm

Informe de Amnistía Internacional sobre el proceso penal por la muerte del defensor de derechos humanos
http://web.amnesty.org/library/Index/ESLAMR230731998?open&of=ESL-COL

Informe de la Relatora Especial sobre Ejecuciones Extrajudiciales, Sumarias o Arbitrarias, a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en enero de 1999. Listado de hechos ocurridos en Colombia entre 1997 y 1998
www.hchr.org.co/documentoseinformes/documentos/html/informes/onu/reeex/E-CN-4-1999-39-ADD-1.html

“Un vistazo a los años en los que el paramilitarismo inundó de sangre a Antioquia”. Artículo de la revista Semana
www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?idArt=100745

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